América. Una aldea de diferencias y distinciones

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¿Habrá escuelas para afirmarnos en estas complejidades?

América, hace años que recorre su oportunidad de reconstruirse bajo el paño de la aceptación en las diferencias, develando la violencia de la homogeneidad de lo blanco, varón, español y portugués, como parte única de su narrativa.

Si por cultura entendemos las "maneras de vivir juntos", al decir de la UNESCO, es evidente que estamos viviendo un profundo y rápido cambio cultural. Están cambiando tanto las maneras prácticas de vivir juntos como las representaciones e imágenes que nos hacemos de dicha convivencia social.

Este fenómeno de alta complejidad, va delineando nuevos procesos sociales, culturales y económicos, en toda la comarca de los pueblos de Abya Yala los cuerpos y voces de las diferencias, históricamente acalladas, sus lenguas, y culturas comienzan a ser puestas en juego por presencia continua.

Para Homii Bhabha la cultura es un conjunto –asistemático- de diferencias y de permanentes mecanismos asimétricos, jerárquicos de traducción entre tales diferencias.

La aldea muta su coloración, de lo blanco, vamos andando el camino de las distinciones, de la diversidad de colores, intereses, historias, vamos dejando atrás su oposición, lo negro de lo negado, de lo no dicho ni actuado, de la sombra como contraste, para que resalte el poder de lo blanco y quede confirmado en su acción.

Este largo proceso, de colores de oposición esta teñido, por lo rojo de la violencia que engendró, por las muertes inútiles, y pérdidas de subjetividades plenas que trajo como corolario.

En nuestro devenir como humanos/as habitantes de este suceder, la visión fragmentada occidental de la realidad que hemos aprendido, no nos permite ver con vislumbrar cierta unidad en esa diversidad notable, queriendo entender el bosque, hemos negado las raíces del árbol, y en las mismas, no hay confrontaciones, no existen las oposiciones negro–blanco, se registran dualidades, colaboraciones, complementariedades, un arco iris de oportunidades conjuntas.

La escuela, las escuelas en esta aldea , nos han educado en esas oposiciones, han sido un espacio central en cuanto a con-vivencia , generando durante décadas una coexistencia articuladora de lazos sociales profundos, en la construcción de los Estados modernos , de intercambios y ascenso social en nuestros territorios comunes, transmisora de valores y cultura, de solidaridades y reconocimientos, pero también de etiquetamientos y exclusiones, el tema de la diversidad no fue ignorado en la escuela-aldea-américa sino tramitado de un modo naturalizado bajo la premisa de un tipo de alumno ideal-normal-único, bajo la figura de una inclusión excluyente, “ se crea la ilusión de un territorio inclusivo y es en esa espacialidad donde vuelve a ejercerse la expulsión de todo lo otro, de todo otro pensado y producido como ambiguo y anormal.

La inclusión, así, no es más que una forma solapada, a veces sutil, aunque siempre trágica, de una relación de colonialidad con la alteridad.”2 configurando los países-satélites que supimos conseguir, somos con-vivientes de escuelas, donde la igualdad significaba: ser- lo -mismo, hoy , intencionamos, muchos de los que participamos de este hacer conjunto, escuelas maestras donde esa igualdad-equidad esté expresada en el desarrollo de oportunidades de ser-uno/a-mismo/a.

La palabra inclusión proviene del latín -includere- y se deriva de la composición del prefijo in con el vocablo claudere, y significa clausurar, cerrar por dentro. Según The Heritage Illustrated Dictionary of the English Language (New York: McGraw-Hill, 1973, 665) inclusión puede ser entendida como “tener como miembro, contener como elemento secundario o menor” (Souza y Goes,1999).

Cerrar para adentro, así ocurrió y ocurre hoy. Los de adentro son educados desde lo blanco, los de afuera, son las diferencias, los otros/as.

Esta clausura histórica, ha sido desvalorizante de las diferencias, dando a luz cierta idea poco real de “normalidad “, y por ende “anormalidad “.

El binomio inclusión-exclusión no nos permite vivir la experiencia de intentar ser diferentes de aquello que ya somos, de vivir la diferencia como destino y no como tragedia, no como aquello que nos lleva a la desaparición de todo otro que puede ser radicalmente diferente a nosotros.

Si en esta clausura, el otro no es portador de legitimidad, de lenguaje, de cuerpo y alma, de tiempos y territorios propios, obtendremos más de lo mismo.

Ese contener, estar-entre-otros, humano, en comunidad ocurre como un ámbito de existencia que se configura en nuestro convivir que la componemos desde nuestro propio vivir individual, siendo nosotros mismos. De manera recíproca, el vivir individual de los miembros de una comunidad, de una familia, una escuela, un grupo se configura en la convivencia que estos contribuyen a generar con su participación en ese coexistir.

Si la escuela como constructo cultural reconoce y recorre las diferencias, como parte de la realidad humana, generaremos comunidades mas humanas.

Lo humano, en masculino y en femenino, es diversidad, en esencia, no existe un humano, sino humanas mujeres de todos los colores en interactuando continuamente con humanos varones, de todos los colores, generando prácticas de con-vivencia conjunta, aprendiendo en ese hacer.

Estamos a tiempo, aun es posible generar escuelas y comunidades, por ende; desde la visión de la sociedad actual como un collage; diferentes materias primas, diversas textualidades, voces distintas, colores que cambian, formas difusas, creencias, donde logremos vernos a cada uno de nosotros/as, como capaces de clasificar sus elementos, de determinar claramente que son y como funcionan relacionados unos con otros en la práctica, aprendiendo de a poco a captar aquello a lo que no podíamos sumarnos.

¿Cómo se hace? Haciendo desde esta perspectiva, no hay apuro, si urgencia, que son dos cosas diferentes, los 500 años anteriores son parte de un proceso que no podemos borrar de un plumazo, pero , afirmo que cada nuevo día de sensibilización y conciencia en esta actitud de aceptación de las diferencias como parte del acto de educar, es parte de re-construir el sentido de unidad en la diversidad perdido, de constituirnos en aldeas maestras de humanidad floreciente, de estar siendo parte de algo mayor que nos dignifica y da sentido vital , de celebrar todos los días el despertar del sol en su esplendor multicolor.

 

 

Hugo Huberman, psicólogo social y educador argentino. Ha desarrolado proyectos educativos y sociales autogestionados en diferentes paises de América. Participa de diferentes organizaciones de la sociedad civil internacionales, en temas referidos a niñez , adolescencia y derechos humanos. Ulitmamente se ha editado su ibro: "De escuela en escuela, recorridos educativos autogestionados" (Editorial Prometeo).
(Contacto: hugo.huberman@gmail.com)