Fujimori y otros dictadores

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“Los poderosos suben como los astros y como los astros, vuelven a bajar”.

No me extraña la situación del ex presidente Alberto Fujimori Fujimori. Está preso esperando que lo juzguen para ver si sale libre o lo condenan y muera en la cárcel. Nadie puede dar razón del futuro de un dictador, cuando está empezando el juicio público.

En mi vida periodística conocí a muchos dictadores con vidas o hechos muchísimo más espectaculares y destinos diferentes. Fujimori está viviendo la primera parte del juicio como dictador que le está siguiendo el Estado; la segunda parte, será la aprobación judicial de los delitos señalados, y la tercera parte, será la condena.

Aparte, he aquí, breves retratos de algunos dictadores calificados a quienes entrevisté en mi vida profesional:

JEAN BEDEL BOKASSA
Por ejemplo, en 1986 asistí al juzgamiento de Jean Bedel Bokassa en Bangui, capital de la República Centroafricana que él gobernó a su gusto por más de diez años.

Bokassa fue tan ambicioso y extravagante que en 1976, ya en el poder, cambió a su país de democrático a imperial. Se coronó como Napoleón luciendo una corona de oro puro en una ceremonia apoteósica que le costó más de 20 millones de dólares. Asistieron sus 17 mujeres y sus más de 50 hijos y autoridades del gobierno francés. Bokassa era muy amigo del presidente Giscard d´Estaing, presidente francés entre 1974 y 1981, a quien surtía de uranio sólo porque lo aceptara gobernar como emperador.

Estuve cuando lo juzgaron por asesinato y hasta por canibalismo. Uno de sus abogados lo defendió por este delito, con esta intervención final: “Honorables, señores que presiden esta Corte: Les pido clemencia para mi defendido porque el canibalismo no es un crimen sino un problema cultural. En mi juventud, yo también fui caníbal”.

Bokassa asistía con un terno gris que posiblemente fue negro, gastado, con la barba encanecida y la mirada perdida en el infinito. No lo condenaron a muerte, porque el pueblo pedía que lo dejaran libre para que trabajara y viera cuán duro es ganarse la vida trabajando.

A Bokassa lo condenaron a 20 años, pero en el 96 lo mató su propio corazón.

POL POT
Al presidente de la Khmer Rouge o Secretario General del Partido Comunista de Kampuchea o Cambodia, lo entrevisté 48 horas antes de que abandonara el gobierno, luego de la invasión de Vietnam.

Pol Pot es señalado como uno de los gobernantes comunistas que ha cometido mayores crímenes de lesa humanidad. Cualquiera de sus biografías lo señala como un maoísta ortodoxo que soñaba con exterminar todo signo de burguesía o pequeña burguesía, no importaba el costo.

Estuve en Pnom Penh, capital de Kampuchea, en diciembre de 1978. Estuve ocho días sin poder salir una sola vez a la calle solo, de tal manera que veía las cosas desde lejos, por ejemplo, la ciudad-capital como una ciudad fantasma, todo había sido reducido al silencio y la soledad.

Visité los frentes de batalla porque en esos días, los vietnamitas ya estaban calentando motores en las fronteras, hasta que una mañana conversé con el mismo Pol Pot en un Palacio que no era como el del príncipe Norodom Sinhanouk, uno de cuyos salones estaba “empedrado” con ladrillos de plata.

Siempre me han preguntado si Pol Pot tenía cara de asesino, siempre he contestado que no. En primer lugar, porque es imposible que en una hora uno pueda tazar el alma de un individuo. Pero, por supuesto, le pregunté si era genocida, si tenía alguna culpa en la muerte del millón de kampucheanos asesinados durante su régimen, según se dice.

Pol Pot me dijo que no, que no era genocida y que en eso días, Mr. Waldheim, Presidente de la ONU, debería visitar Phnom Penh para constatar por él mismo si los comunistas kampucheanos eran capaces de tanta muerte.

A las 11 de la mañana recibió un mensaje donde le avisaban que la invasión vietnamita era cuestión de horas y que tomara sus medidas. Ordenó que me evacuaran de inmediato a Pekín. A las 12 de la noche del 31 de diciembre de ese año, para nacer el 89, Vietnam invadía Kampuchea donde se quedó abusivamente diez años.


Manuel Jesús Orbegozo y Pol Pot en primer plano


Todo este tiempo, Pol Pot anduvo viendo la forma de reorganizar su ejército de khmerrouges, pero le fue imposible. Hasta que un día fue detenido en las selvas de Anlong Veng camboyanas. Llevado a Pnom Penh, sus enemigos difundieron mundialmente la fotografía de un pobre hombre, con ropas raídas hasta la desnudez, descalzo, mendicante.

Otro hombre de poder caído por los suelos. Pocos días después, un disparo de su propio corazón, también, lo mató en seco.

FERDINAND MARCOS
Presidente de Filipinas y sus mil islas, Cuadros fue un hombre poderoso que ejerció su gobierno incorrectamente. Había luchado como soldado contra los japoneses y luego, abogado como era, logró ingresar al campo político donde rápidamente destacó.

Anticomunista jurado, su posición política dio oportunidad para que nacieran y se fortalecieran facciones de guerrilleros comunistas y musulmanes. Su gobierno tuvo que endurecerse y caer en la dictadura. Tenía un enemigo político al que hizo juzgar y condenar a muerte.

Benigno Aquino logró huir a los Estados Unidos, donde dada su alta calidad intelectual fue catedrático en Harvard. Casado con Corazón Aquino, decidieron regresar a Filipinas. En cuanto el doctor Aquino descendía del avión que lo traía de Londres, fue asesinado vilmente por orden de Marcos. Este suceso conmovió a los filipinos y al mundo entero. La Aquino no juró vengar su muerte, sino salvar a Filipinas. Esa fue su promesa.

Estuve cuando las elecciones presidenciales del 86 y para poder estar cerca de Corazón Aquino, me inscribí en su partido. Así, pude ver, por ejemplo, el instante en que votó donde declaró: “Yo seré la nueva presidenta”.

Días antes se habían realizado mítines multitudinarios. Vi a Marcos presentarse y en mi reporte al Perú escribí que “más que la ruina en que andaban sus riñones, -él sufría de lupus eritomatoso- su conciencia había hecho un correcto trabajo de zapa, lo había desmoronado por dentro con precisión de relojero suizo”,

Hubo graves líos post eleccionarios, pero finalmente, el célebre dictador Ferdinand Marcos y su esposa Imelda Romuáldez, conocida como La Mariposa de Hierro”, huyeron de Manila.

Como en “El Otoño del Patriarca”, el pueblo invadió salones y dormitorios del palacio. No encontraron dentro las vacas de la novela, pero sí, los roperos de doña Imelda donde contabilizaron 3 mil 500 bombachas o calzones, justo para cambiarse uno por día durante 10 años seguidos.

Así cayó otro dictador. Vivió hasta 1992 donde murió como un filipino cualquiera.

Para todos los dictadores de la Tierra de ayer, hoy y mañana, Bertolt Brecht los ha sentenciado en su poemas con esta verdad de extraordinaria fuerza vital: “Los poderosos suben como los astros y como los astros, vuelven a bajar”.

 

Dr. Manuel Jesús Orbegozo, primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego dio 9 vueltas al mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa.
Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo en la Univesidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 3 décadas.